sábado, 26 de septiembre de 2009

Karl Marx, más vivo que nunca

CAMILO WOLFF
“La noticia de mi muerte fue una exageración” (Mark Twain).

Por casi 20 años, desde la caída del llamado “socialismo real” a fines de los 80`s y principio de los 90`s, Marx y el marxismo fueron dados por muertos y sus ideas echadas a un costado como anacrónicas e inválidas.
El imperio del pensamiento único neoliberal declaró no sólo el fin de la historia, sino también la victoria absoluta del “libre mercado” y por ende la victoria total, política, económica e ideológica de la burguesía sobre la clase obrera y el marxismo.
Los pocos marxistas que quedaron se volvieron “bichos raros”, piezas de museo para ser expuestas y ridiculizadas por la nada democrática intelectualidad del “libre mercado” a ultranza.
Estos “talibanes” del neoliberalismo han hecho desaparecer de las cátedras universitarias, de las bibliotecas y librerías todas, o la mayoría, de las obras del pensador alemán bajo pretexto de su “inutilidad”.
Pero la historia no sigue un guión, y una mentira repetida mil veces pude calar en la conciencia de la gente, pero no puede cambiar la realidad misma.
En los últimos días, lo que hemos visto es justamente la vuelta de Marx y el marxismo en la medida que la crisis económica derrumbó todos los pilares del “libre mercado” y demostró, una vez más, que no existe la “autorregulación” de la economía.
Hace pocos días, George Soros, mega especulador y gurú del pensamiento neoliberal, dijo: "He estado leyendo a Marx y hay muchas cosas interesantes en lo que él dice"[1]. Siguiendo la mismo ola, en la feria de libros de Frankfurt, Alemania, los libros de Marx se han destacados porque “se venden más que nunca en medio de crisis financiera” según una nota periodística que ha recorrido el mundo.
El propio presidente de Francia, el conservador, Nicolás Sarkozy advirtió “una revolución a escala planetaria si la comunidad internacional fracasa en el intento común de refundar el sistema capitalista[2]” en una referencia clara a una de las ideas de Marx, aun que sin citar al autor.

El debate sobre la economía
Toda la propaganda, toda la mentira y bajeza que se acumuló contra Marx en estos años, no fueron gratuitas. Detrás estaba toda la discusión sobre las bases de la economía capitalistas y las críticas del propio Marx a la economía política burguesa. La incapacidad o la imposibilidad de contrarrestar en el campo de la discusión seria las opiniones de Marx, obligaran a sus adversarios a llevar la discusión hacia los ataques e inventos de todo tipo.
Eso se tornó especialmente claro cuando entró en escena el neoliberalismo económico y con él, lo que se llamó en su época, la “nueva economía”, es decir la aceleración de la difusión de las tecnologías de la información y de la comunicación que llevaron a una recuperación del crecimiento de la productividad del trabajo y de la productividad total de los factores. Esto parecía proporcionar una explicación satisfactoria del elevado precio de los valores[3].
En la base de esta dicha “nueva economía” estaba justamente la discusión sobre quién y cómo se crean nuevos valores económico, o dicho de otra manera como una sociedad puede generar riquezas.

La ley del valor
La base de la teoría económica marxista es justamente la teoría o ley del valor, o valor-trabajo.
Explicando de manera sencilla y rápida, los economistas clásicos en general, incluso Adam Smith y David Ricardo, llegaron a la conclusión que el trabajo es la única fuente de riqueza real de una economía.
Marx, partiendo de eso demostró que es el trabajo vivo, físico, el que genera la riqueza social que después es apropiada de forma desigual en la sociedad.
En este sentido el capital no cumple mas que un papel secundario (aun que importante) en la producción social de riquezas o valores.
Por eso, todas las formas de creación de “riquezas” que no tengan en por base el trabajo son ficciones que tienden a entrar en choque con la realidad misma.
Los defensores de la “nueva economía” han atribuido a la tecnología, y a una serie de (des)reglamentaciones del mercado financiero la capacidad mágica de crear nuevos valores o nuevas riquezas sociales.
En la base de sus ilusiones estaba el hecho real de que uno puede hacerse rico de la noche a la mañana especulando en el mercado bursátil. Pasa que esta nueva riqueza individual se construía no sobre base del enriquecimiento del conjunto de la sociedad, sino por el hecho de que para enriquecerse individualmente el nuevo rico estaba estafando a toda la sociedad, y no sólo a los trabajadores como de costumbre.
Este debate, que de cierta manera dura ya más de un siglo, volvió con fuerza porque estaba en la base de la “nueva economía”. Por un periodo parecía que tenían razón los que defendía la idea de que no sólo el trabajo producía riquezas sino también el capital libre de trabas, en forma independiente.
El estallido de la crisis actual dejo claro que no era así. La especulación genera ganancias y riquezas individuales pero lleva inevitablemente a la crisis cuando la caída de la tasa de ganancia ya no puede remunerar al capital especulativo.

La tendencia a la caída de la tasa de ganancia y el fin de la historia
Cuando Francis Fukuyama escribió el controvertido libro El fin de la Historia y el último hombre de 1992, en el que defiende que la Historia humana como lucha entre ideologías ha concluido, y ha dado a luz un mundo basado en la política y economía neoliberal que se ha impuesto a las utopías tras el fin de la Guerra Fría, muy poca gente se levantó en su contra.
El libro, aunque no de manera clara y declarada, decretaba que otra de las leyes económica básicas del marxismo ya no estaba vigente. A saber, la de que el capitalismo siempre tiende a bajar sus ganancias y que eso genera cada tanto una crisis cíclica.
En líneas generales lo que Marx quiere decir con esto es lo siguiente: Los capitalistas, los propietarios de las fábricas, comercios y bancos, para ganar la competencia entre sí en un mercado anárquico, son obligados a hacer siempre y cada vez más inversiones en máquinas y tecnologías, afín de producir más barato y más rápido que sus competidores.
Tal necesidad hace que en un dado momento las inversiones en estos rubros ya no sean compensadas por los precios finales de las mercancías producidas, y deja de estar garantizada la ganancia.
Sería más o menos como si todos los propietarios de fábricas entrasen en una carrera para “modernizar” su fábrica. A cada nueva inversión en tecnología de uno de ellos, los demás se ven en la necesidad de también adquirir la nueva tecnología bajo el riesgo quedarse rezagado en relación a los demás.
En un momento esta carrera por modernizar la producción y aumentar las ganancias ponen en riesgo las ganancias mismas. En este momento los propietarios de las fábricas, los capitalistas, dejan de apretar el acelerador de la economía y pisan con las dos patas (y algunos con las cuatro) el freno. Empieza entonces la crisis económica.
Esta ley, que Marx enunció en el siglo XIX, fue negada y atacada por todos los teóricos, y muchos escribas a sueldo del capitalismo. Francis Fukuyama fue apenas el mejor pagado de la década de 1990.
La actual crisis demostró cabalmente que estas dos leyes no sólo siguen vigentes sino que su combinación es nitroglicerina pura.

La tarea del momento
Por más placer intelectual que nos cause ver la victoria del marxismo y el retorno de Marx no sólo a las librerías, bibliotecas y cátedras de todo el mundo no podemos quedar contentos con apenas eso.
No es sólo el pensamiento económico de Marx el que sigue vivo, es todo su pensamiento, así que vale la pena recordar lo que dijo en sus “Tesis sobre Feuerbach”:
“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”
También esa afirmación está más vigente que nunca. Esa es la consigna, esa es la tarea, esa es la meta.
[1] http://opiniaosocialista.wordpress.com/
[2] http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20081024/economia/sarkozy-preve-revolucion-mundial-20081024.html
[3] François Chenais - La «nueva economía»: una coyuntura propia del poder hegemónico en el marco de la mundialización del capital

martes, 22 de septiembre de 2009

El keynesianismo no es una salida para los trabajadores

ALICIA SAGRA

Cuando se cumplen, el 21 de abril, 63 años de su muerte, Lord J. M. Keynes vuelve a ocupar el centro de la escena. Desde que estalló la crisis mundial, se habla del keynesianismo de Obama y de que esa sería la orientación que se está imponiendo en Europa con las "nacionalizaciones". Analistas políticos se refieren al keynesianismo de los Kirchner y Chávez, que habla del socialismo del siglo XXI, se autodefine seguidor del lord inglés.

Y detrás de esas definiciones de Chávez se encolumna el amplio abanico de sus seguidores, desde los que como la dirección de la CTA (Centra de Trabajadores Argentinos) defienden la "redistribución de la renta", hasta los diferentes sectores que crean esperanzas alrededor de salidas burguesas como el ALBA, Petrosur, Banco del Sur, etc.

Los trabajadores y estudiantes que leen o escuchas esas posiciones, podrían llegar a pensar que hay dos capitalismos, uno muy malo y otro no tanto. El malo sería el neoliberalismo, el de las privatizaciones, el saqueo, las intervenciones militares, que nos llevó a la crisis. El otro sería el "keynesianismo", más de izquierda o más de derecha, pero con una mayor intervención del estado, con algunas "nacionalizaciones" y políticas de acción social.

Siguiendo esa línea de pensamiento, se podría creer que si esa corriente capitalista se impone, se podría a volver al "estado benefactor" de la posguerra y los trabajadores no saldríamos tan mal parados de la crisis. Nada más alejado de la verdad.

Cuáles fueron las propuestas de Keynes

Lord John Maynard Keynes nació en Cambridge, Inglaterra, en 1883 y murió en 1946. Saltó a la fama con sus propuestas para encarar la depresión de 1929. La profundidad y extensión de esa crisis, la peor que se hubiera conocida hasta ese momento, paralizó a los máximos dirigentes del capitalismo, mientras que los obreros resistían, pero con las limitaciones que les imponían sus direcciones socialistas reformistas y estalinistas.

En ese marco, Keynes hizo sus propuestas para enfrentar a la crisis y sus consecuencias sociales. No había que quedarse esperando a que cambiara el ciclo. El estado tenía que intervenir haciendo grandes inversiones, que alentasen a la inversión privada y generara trabajo. Es decir había que, como se dice hoy en día, calentar la economía, sin tenerle miedo a la inflación.

Ni una gota de "progresismo"

A pesar de lo que nos quieren hacer creer muchos de sus actuales seguidores de "izquierda", Keynes no tenía nada de "progresista". Nunca defendió nada que se aproximara a una "redistribución de la riqueza", aumentos de salarios, ni nada parecido.

Por el contrario, sus políticas para sacar al capitalismo de la depresión, tenían un alto componente antiobrero. Nada lo muestra más que su posición frente a la inflación. Opinaba que la inflación, así como la deflación1 eran injustas, pero prefría la inflación ya que ésta reportaba importantes ventajas para los empresarios. Por un lado porque como la mayoría de ellos tienen deudas, éstas se achican, pero centralmente por el efecto sobre los salarios. Con la inflación, éstos pueden mantener su valor nominal, pero bajando su valor real lo que favorece a los empresarios.

Afirmaba: «Si bien los trabajadores, suelen resistirse a una reducción de su salario nominal, no acostumbran abandonar el trabajo cuando suben los precios de las mercancías para asalariados. Se dice algunas veces que sería ilógico por parte de la mano de obra resistir a una rebaja del salario nominal y no a otra del salario real. Por razones que damos más adelante y afortunadamente como veremos después, aunque esto sea lógico o ilógico, es la conducta real de los obreros»2

Las direcciones reformistas de su época, asumieron sus propuestas y lo invitaron a ingresar al partido laborista. Pero él, que no tenía ninguna duda de cuál era su ubicación de clase, se negó categóricamente "en primer lugar, porque es un partido de clase, y de una clase que no es la mía. Si yo he de defender intereses parciales, defenderé los míos. Cuando llegue la lucha de clases como tal, mi patriotismo como tal, mi patriotismo local y mi patriotismo personal, estarán con mis afines. Yo puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido; pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada."3

A pesar de esa claridad, hoy dirigentes obreros e intelectuales de izquierda, siguen defendiendo sus propuestas como progresivas para los trabajadores. Para hacerlo, no sólo ignoran las verdaderas posiciones de Keynes, sino que falsean la historia, dando a entender que de la depresión de 1929 y 30 se salió aplicando políticas keynesianas que llevaron a al boom económicos de la posguerra y a los estados de bienestar social. Cosa que no tiene nada que ver con la realidad.

El boom económico de la posguerra y el "estado de bienestar social"

Todas las crisis capitalistas son sobreproducción. Por eso, no hay ninguna salida capitalista que no pase por la destrucción de capital, lo que implica desempleo masivo, hambre, enfermedades. Así se salió de la crisis del 29. Se calcula que en 1932 había 13 millones de desocupados en EEUU.

Después de esa brutal destrucción de fuerzas productivas, se presentaban mejores condiciones para salir de la crisis. Fue entonces, en 1933, cuando asumió Roosvelt y aplicó su famoso New Deal4, basado en la propuesta de Keynes de intervención estatal. Su política consistió en: ayuda a los bancos, subvención a los agricultores, aumento de salarios y reducción de horas de trabajo, creación de nuevos puestos de trabajo en la administración pública y en obras públicas.

Pero todo después de que se habían destruido inmensa cantidad de puestos de trabajo, de que el salario había llegado a un mínimo insostenible y que los agricultores estaban en la máxima miseria.

Esa política no dio resultados ni en EE.UU, ni en el mundo y el resultado fue la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Con esa terrible pérdida de vidas humanas y recursos naturales, se completó la destrucción que el capitalismo necesitaba para salir de la crisis.

De ahí surgió el imperialismo yanqui como hegemónico y se crearon una serie de instituciones internacionales con el objetivo de garantizar el orden mundial y tratar de evitar que se pudiera volver a una situación como la de 1929. Así surgió la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el GATT (Acuerdo general sobre comercio y aranceles) que se convertiría en 1995 en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Después de la guerra se impusieron las políticas de corte keynesiano. Hubo una gran inversión de EEUU para reconstruir Europa (el Plan Marshall), pero esa reconstrucción y el boom económico que le siguió, tuvo más una explicación política que económica. Cuando finalizó la guerra hubo tres importantes países (Francia, Italia y Grecia) donde estuvieron todas las posibilidades para que los trabajadores tomaran el poder.

En esos países, los estados capitalistas estaban destruidos, las únicas organizaciones armadas era los movimientos de resistencia (los maquís y los partisanos), con gran influencia de los partidos comunistas. Estos movimientos compuestos centralmente por obreros y campesinos pobres se negaban a desarmarse. Pero al final lo hicieron siguiendo las instrucciones que venían desde la burocracia de la URSS: había que entregar las armas y encarar la reconstrucción nacional, es decir la reconstrucción del estado burgués.

Pero no les fue fácil conseguir eso, para lograrlo la burguesía europea tuvo que hacer gran cantidad de concesiones, así fueron surgiendo los llamados "estados de bienestar". No fueron producto de los postulados de Keynes, sino que fue lo que la burguesía tuvo que dar para evitar que los trabajadores tomasen el poder. Durante este período mejoró mucho el nivel de vida de la clase obrera y las clases medidas de los países imperialistas. En menor medida, eso también se dio en algunas de la semicolonias más ricas, Argentina, Chile, Brasil.

Hasta que a mediados de los años 70, de la mano de otro economista, el estadounidense Milton Friedman (1912-2006), de la Escuela de Economía de Chicago, surge el llamado neoliberalismo, que comenzó a instrumentar su políticas en Chile, Argentina e Inglaterra y que a partir del Consenso de Washington, en 1989, se impone en todo el mundo con su disciplina fiscal, desregulaciones laborales, apertura económica y privatizaciones.

La única salida positiva a la crisis pasa por el poder obrero

Lo más negativo de esta defensa, más o menos directa, que hacen dirigentes obreros y de izquierda, de esas salidas keynesianas o neo keynesianas al estilo chavista, es que crean expectativas en salidas por dentro del sistema capitalista. Y esa es una utopía reaccionaria.

Esta terrible crisis mundial es una confirmación de que el capitalismo, como sistema, no puede responder a las necesidades de la humanidad. Y todos ellos, neoliberales o neokeynesianos coinciden en volcar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Tenemos que resistir por todos los medios, tenemos que impulsar la máxima unidad de acción para luchar contra el desempleo, por la reducción de la jornada sin reducción salarial, por la nacionalización bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida, por aumento de salarios, por el no pago de la deuda.

Cuando más unitaria y fuerte sea nuestra lucha, más podremos conseguir. Pero tenemos que ser conscientes, que no podremos imponer ninguna de las medidas de fondo si no acabamos con el sistema capitalista e imponemos un gobierno obrero y popular que rompa con el capitalismo y el imperialismo.

Es una tarea muy difícil, pero esa es la única posibilidad de dar una salida obrera a la crisis. Aprovechemos este período para avanzar en la construcción de la dirección revolucionaria que haga posible cumplir con ese objetivo.

Notas

1 Lo opuesto a la inflación: disminución progresiva de los precios.
2 Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica Editores, México D.F., 1965, p. 20.
3 Essays in Prophecy and Persuasion, selección de textos que Keynes escribió en los años 20 y
principios de los 30.
4 Nuevo trato, nombre del programa que aplicó ese presidente estadounidense.

martes, 8 de septiembre de 2009

¡Abran paso a la Juventud Socialista!

"Sólo el entusiasmo fresco y el espíritu beligerante de la juventud pueden asegurar los primeros triunfos de la lucha y sólo éstos devolverán al camino revolucionario a los mejores elementos de la vieja generación. Siempre fue así y siempre será así".
- Leon Trotsky