viernes, 16 de octubre de 2009

Marxismo y Estalinismo

Hay una importante discusión en la izquierda revolucionaria, de la que toman parte también sectores no revolucionarios de la izquierda y la burguesía: ¿Fue y es el estalinismo la consecuencia lógica del bolchevismo?

Entre los que afirman esto, que el estalinismo es en última instancia consecuencia lógica del marxismo-leninismo, hay una importante división: los burgueses lo hacen para decir que una vez en el poder, inevitablemente el marxismo degenerará en un poder despótico y burocrático y construirá una nueva camada de parásitos que expropiarán el poder de la clase trabajadora.

En cambio los estalinistas de todos los matices, dicen que la dictadura del Partido Único, sin democracia interna ni externa, el “Socialismo en un solo país”, la persecución de toda oposición y diferencia, son rasgos generales del marxismo-leninismo, y que es a lo que aspiran todos los que quieren construir una sociedad más justa.

Nosotros afirmamos, contra ambas posiciones, que el estalinismo no era ni es consecuencia lógica del marxismo-leninismo, sino su más rotunda negación, una degeneración que niega absolutamente los criterios de Lenin.

El partido de Lenin y el partido de Stalin
Pierre Broué, en su “Historia del Partido Bolchevique”, describe al Partido de Lenin como un Partido no monolítico.

Todas las resoluciones más importantes, incluso la de la toma del poder, fueron tomadas en medio a profundas polémicas, votos en contra y discusiones acaloradas. No por unanimidad. La paz de Brest Litovsk, la NEP, la política hacia los campesinos, el momento más adecuado para la insurrección, la política del Estado hacia los sindicatos, el rol de los soviets, etc. Por donde quiera que se mire el Partido de Lenin era un Partido donde las discusiones imperaban.

En el periodo en que fue dirigido por Lenin, ya en el poder, el Partido Bolchevique hacía sus Congresos, con derecho a tendencias y fracciones para todos sus miembros, cada año.

El centralismo de Lenin era ante todo democrático, es decir, en base a una discusión profunda donde cada cual defendía sus posiciones libremente, y sólo después de agotada la discusión se deliberaba, y ahí sí, se centralizaba el Partido para la acción.

Nada más distinto al régimen del Partido de Stalin. Éste dejó de hacer Congresos anuales y los espació cada vez más. Trotsky lo describe así: “El Duodécimo Congreso se reunió en abril de 1923 y el Decimoter­cero en mayo de 1924, tras un mes de demora. El siguiente congreso, el Decimocuarto, se celebró recién en diciembre de 1925, un año y medio después. El Decimoquinto Congreso partidario, en el que se expulsó a la Oposición de Izquierda, se realizó en diciembre de 1927, es decir, dos años después del anterior. La violación de los estatutos partidarios ya se había hecho regla. El Decimosexto Congreso se convocó para junio de 1930, luego de un lapso de dos años y medio. Pero incluso este intervalo sería demasiado breve. El Decimoséptimo Congreso fue celebrado después de tres años y ocho meses. Finalmente, el último congreso -el Decimoctavo- se celebró (…), más de cinco años después del anterior.”[1]

El espacio donde el Partido podía manifestar sus diferencias desapareció rápidamente. Las fracciones fueron prohibidas. Se reprimieron las diferencias y luego fueron perseguidas. Y así los privilegios materiales de una “casta burocrática” surgieron, florecieron y se fortalecieron.

¿Cómo fue posible que un Partido se transforme en el otro? ¿Como el bolchevismo degeneró en el estalinismo? La respuesta es que no hubo “transformación” sino una usurpación, y para hacerlo fue necesaria una masacre.

La masacre estalinista
Trotsky lo describe de la siguiente forma: “el Comité Central electo en agosto de 1917, que condujo la Revolución de Octubre… De ellos, sólo uno permanece actualmente en la conducción partidaria, Stalin. Siete murieron por enfermedad o cayeron en manos del enemigo (no nos detendremos a discutir las causas). Fusilados o condenados al pelotón de fusilamiento, siete. Tres desaparecieron durante las purgas, otros tres fueron liquidados política y quizás también físicamente. Trece de ellos, casi el sesenta y dos por ciento de los miembros del CC de Octubre, resultaron ser "enemigos del pueblo."

“El Décimo Congreso, celebrado en marzo de 1921, que lanzó la "Nueva Política Económica", eligió un Comité Central de veinticuatro (…)Quince miembros, es decir el 62,5 por ciento, fueron exterminados físicamente.”

“Decimoquinto Congreso, (…) estableció un Comité Central de setenta y un miembros. ; cincuenta hombres fueron liquidados, más del setenta por ciento.”

“Del Comité Central establecido por el Decimosexto Congreso (1930), el setenta y seis por ciento fue exterminado física y políticamente.”

“El Decimoséptimo Congreso (1934), sólo dieciséis permanecen actualmente en la dirección, cuarenta y ocho fueron liquidados, el 67,6 por ciento.
[2]

Conclusiones
El estalinismo no fue la continuidad en ningún sentido del leninismo, fue su negación más sangrienta. Fuera de la hipótesis de que Lenin no era capaz de elegir bien sus colaboradores, lo que Stalin hizo fue matar a los más cercanos colaboradores de Lenin, no por sus errores sino por sus virtudes, a saber, ser leninistas.

¿Que clase de continuador es ese? La masacre de los cuadros del bolchevismo, de la que los números del Comité Central son solamente un ejemplo, se extendió por toda la cadena jerárquica del Partido. Para que el estalinismo si impusiera en Rusia fue necesario un río de sangre, sangre de los revolucionarios más abnegados.

Notas
[1] Una historia gráfica del bolchevismo
[2] Idem

jueves, 1 de octubre de 2009

¡Impulsar la lucha unitaria contra la política antiestudiantil del rectorado!

Recientemente, la Asamblea Universitaria dio su apoyo mayoritario a la elección del nuevo rector, Marcial Rubio. Los Representantes Estudiantiles ante la Asamblea (REAs) dieron sus votos tras reunirse a “negociar” con los candidatos de la lista de Rubio sin incluir en dichas conversaciones a los representantes gremiales. ¿Cuáles fueron sus logros? Aparentemente avances en materia de transparencia económica.

Inmediatamente luego, el cardenal Juan Luis Cipriani, punta de lanza del intento del Opus Dei de intervenir nuestra universidad, salio a declarar en contra de la elección del rector. La reacción inmediata de las nuevas autoridades fue aprovechar el espíritu anti-cipriani para difundir un comunicado llamando casi a jurar lealtad eterna a Marcial Rubio y compañía.

Ante esto, surgió para muchos estudiantes la pregunta: ¿estar contra el repudiable intento de Cipriani de intervenir nuestra universidad significa tener que apoyar de forma incondicional y acrítica a las autoridades? Desde la Juventud Socialista (JS) creemos que no. Al contrario, creemos que no podemos caer en la falsa dicotomía Cipriani - Marcial Rubio. Y no por el mero hecho de no simplificar la realidad y todos sus matices, sino también por el hecho de que el nuevo rector y los miembros de su equipo rectoral han demostrado aún en el periodo anterior ser los defensores de la construcción del Campus Este en Monterrico, del alza de la boleta en 6% y que, en general, la universidad aumente sus “utilidades” a costa de los bolsillos de sus estudiantes. Han demostrado ser los campeones de la elitización de nuestra universidad.

Incidentes recientes como la censura a un medio de comunicación independiente (“El estándar social” del estudiante Javier Martell), las amenazas a algunos estudiantes que critican a la universidad desde redes sociales o el que se restringiera a algunos estudiantes el derecho a hacer pasar invitados con documentos al campus universitarios, tan solamente por ser convocados por la Federación de Estudiantes (la FEPUC) para realizar un análisis nutricional de los platos de las cafeterías, demuestran que las autoridades están dispuestas a pisotear a todo aquel que suponga un obstáculo para implementar sus planes.

Es por eso que desde la JS proponemos a los estudiantes iniciar la lucha unitaria en contra de las políticas antiestudiantiles de las autoridades. Instamos públicamente a los Centros Federados (CFs) y a la FEPUC a que se pongan a la cabeza de esta lucha. Que convoquen a asambleas y reuniones informativas constantes, que informen a las bases y que sea la mayoría de los estudiantes los que decidan finalmente qué hacer frente a las ya reiteradas agresiones de las autoridades.

Solo con la movilización de los estudiantes será posible empezar a encarar en serio la cuestión de la democratización de la universidad. Sin una lucha decidida, no se podrá lograr que los estudiantes tengan voz efectiva en el gobierno de la universidad. Sin la participación activa de la mayoría estudiantil, los acuerdos de los gremios se decidirán en las cúpulas y expondrán a la corrupción a nuestros representantes. Es ahora que debemos empezar a actuar.

¡NI CON CIPRIANI NI CON EL 6%!
¡ABAJO LA POLITICA ANTIESTUDIANTIL DEL RECTORADO!
¡POR UNA UNIVERSIDAD DEMOCRÁTICA Y SIN FINES DE LUCRO!