Pedro M. Llanos
El ciclo pasado se eligió a la nueva Representación Estudiantil ante la Asamblea Universitaria (REA). Durante el periodo electoral hubo muchos banners, muchos polos, mucho color… pero si algo estuvo ausente, fue el debate y la discusión de los verdaderos problemas de la universidad.
Muchos candidatos a la nueva REA que quisieron presentar propuestas “en beneficio del estudiante” se vieron enfrascados en una absurda contienda de ofrecimientos. Un bus, más áreas verdes, otro bus… y ni una palabra sobre los temas de fondo: las constantes alzas de boleta, la ausencia de un tercio estudiantil efectivo en el Consejo Universitario, las serias deficiencias de los servicios en cafeterías y fotocopiadoras, la controversia entre las autoridades y el Arzobispado de Lima, etc.
Más allá de que todos los estudiantes podríamos estar de acuerdo en cuestiones prácticas y mínimas, dejar de pronunciarse sobre la problemática más general y más profunda de nuestra universidad es a todas luces un grave error, dado que en la práctica deja a los estudiantes sin saber cual es la postura de sus representantes respecto a temas que sí se debatirán en la Asamblea Universitaria y en el Consejo Universitario. Uno puede apoyar a tal o cual candidato porque ofrece fiscalizar los procesos de recategorización, pero ¿de qué le sirve a ese estudiante estar en la categoría adecuada si al final le subirán la boleta igual con el silencio cómplice de su representante?
Fue por eso que desde la Juventud Socialista (JS) y otros espacios intentamos impulsar una candidatura unitaria y amplia de las izquierdas para la REA: La Zurda. Ahora, pasadas las elecciones, nuestro programa deja de ser electoral para volver a ser lo que siempre fue: un programa de lucha para todo el estudiantado de la PUCP.
Fue por eso que desde la Juventud Socialista (JS) y otros espacios intentamos impulsar una candidatura unitaria y amplia de las izquierdas para la REA: La Zurda. Ahora, pasadas las elecciones, nuestro programa deja de ser electoral para volver a ser lo que siempre fue: un programa de lucha para todo el estudiantado de la PUCP.
Fiscalizar y controlar la contabilidad y finanzas de la universidad, terminar con las alzas de la boleta, conseguir un tercio efectivo en el Consejo Universitario, mejorar los servicios en cafeterías y fotocopiadoras, poder tachar los malos docentes, etc. Éstas son algunas de las banderas con las que una nueva reforma universitaria debe plantearse en nuestra universidad. Frente a los proyectos de volverla una empresa (como plantean las autoridades encabezadas por Marcial Rubio) o de volverla un bastión del pensamiento conservador (como desearía Juan Luis Cipriani y sus esbirros del Opus Dei) hay que plantear la alternativa de conquistar una universidad plural, democrática, que eduque sin fines de lucro y esté al servicio del desarrollo del país.
No obstante, hay que ser francos: conseguir siquiera parte de nuestras más sentidas aspiraciones en los marcos actuales de la Asamblea Universitaria y el Consejo Universitario es prácticamente imposible. Estamos condenados a ser minoría en ambos espacios, donde tenemos un tercio y un quinto de los votos respectivamente. Las únicas votaciones que podremos ganar realmente serán las que, al interior de nuestros gremios, nos lleven a discutir, a debatir, pero, sobre todo, a movilizarnos para expresar nuestro rechazo a cómo se viene manejando la universidad: medidas concretas y directas que nos permitan luchar por una universidad distinta. En ese proceso, los actuales REAs deberían plantearse seriamente el participar y ser, como han sido alguna vez, un polo de organización y movilización estudiantil frente a la pasividad que la FEPUC y varios Centros Federados vienen mostrando.

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